martes, 2 de diciembre de 2014

De compras



Lo que más me gustó de la ciudad fueron las luces en las calles. Ya sé que es pronto y que aún no deberían estar los adornos, pero está todo tan bonito, tan brillante. Los niños pequeños señalan desde sus sillas todo la belleza que les rodea, algunos se paran y sus madres tienen que volver a por ellos para arrancarles de su éxtasis. 
Las tiendas están llenas de gente, y la gente va llena de bolsas pero no se les ve especialmente dichosos. Tal vez sea, como me dijeron esta tarde, que tratamos de suplir las carencias afectivas con cosas, muchas cosas que cuando llegamos a casa no sabemos qué hacer con ellas, ni por qué las compramos.. Y es que las cosas no nos dan el cariño, ni la paz que buscamos. Algo que sólo podemos encontrar en los otros.