viernes, 16 de enero de 2015

Cuando ninguno funciona...



Hace unos días, mi compañera Eva, me enseñó muy orgullosa un disco duro externo. Allí, según sus propias palabras, tenía su vida. Su vida laboral, se entiende: canciones, vídeos, actividades...
Esta mañana entró en mi clase y lo conectó al ordenador. Esperó unos minutos, porque el ordenador es lento, muy lento. Esperó un poco más y ... NADA. No reconocía su disco externo.
Le dije que se lo presentara, que no es de buena educación enchufarse sin conocerse. Levantó el disco y lo puso frente a la pantalla. Obviamente, no ocurrió nada, porque sabemos perfectamente que eso no funciona, pero nos reímos y quitamos tensión. Después lo que todos hemos hecho mil veces: reiniciar el ordenador... NADA. Los deseos de estrellar ordenar, disco duro y toda la tecnología "moderna" iban en aumento.
Propuse usar uno de los otros dos ordenadores que tenemos en el centro. Pero resulta que en uno se ven las cosas, pero no funciona el audio y en el otro se oye pero no se ve.
¿Qué se puede hacer cuando ninguno funciona? Pues recurrir al método tradicional de la tiza, el borrador y tu imaginación.
Lo que se aprende con estas cosas es que si pones "tu vida" en aparatos sin corazón, cuando más los necesites te dejarán, y sin darte una explicación siquiera.