martes, 27 de enero de 2015

Llegó sin avisar...



A veces la muerte llega sin avisar y te encuentra dormida. Así le pasó a una amiga de mis padres. Anoche se acostó y ya no despertó.
Cuando de enteras de una noticia así, la mente, por no sé qué extraños mecanismos, te devuelve momentos olvidados, seguramente no los más importantes, pero te aparecen como si estuvieras allí de nuevo. 
Recuerdo la luz entrando por las ventanas de la cocina de su casa, una luz blanca que se filtraba por los visillos , la tetera siempre al fuego... los fuegos siempre encendidos... siempre te acogían con cariño, siempre había una silla para el que llegaba.

De pronto pienso en el dolor que sentirán sus hijos y su marido, tan similar al que sentíamos nosotros hace apenas cuatro meses. Cómo pasa el tiempo, se va silencioso como lo hacen los granos de arena entre los dedos...