sábado, 24 de enero de 2015

Sobre el acoso


Leía esta mañana un artículo de Pérez-Reverte sobre el caso de una adolescente que hace dos años se suicidó porque no podía soportar el acoso de dos "compañeras". La sentencia condena a estas dos chicas a cuatro meses de trabajos sociocomunitarios. 
Y qué hacemos nosotros, hoy leemos la noticia, movemos la cabeza apesadumbrados y ... lo olvidamos. Porque es más fácil o, porque tal vez, tenemos miedo a enfrentarnos a un monstruo que se ha descontrolado.
Recuerdo el caso de una compañera, maestra como yo, a la que una alumna la seguía después de clase y la tenía amenazada. Resultado, ella sin atreverse ni a ir sola a por el pan, una baja por depresión, pedir un cambio de destino en el concurso de traslados. Los demás compañeros y equipo directivo: nada. 
Esto ocurrió hace muchos años, pero sigue ocurriendo. Y en la mayoría de las veces, miramos hacia otro lado por miedo: miedo a la reacción violenta de algunos padres, miedo a la indefensión en la que nos encontramos.
Sé que no es excusa, pero sí que es verdad, que en muchas ocasiones ni nos enteramos de que ocurren acosos  en nuestras aulas, por eso es necesario, que las familias hablen cuando noten algo raro, es necesario hacer comprender a todos nuestros alumnos que comunicar este tipo de hechos no es ser un "acusica". Que es mucho más valiente el que da un paso al frente y acusa a los cobardes que hacen eso con un compañero que es diferente, que los que se suman al carro del acoso activa o pasivamente, dando gracias de no ser ellos los acosados.

"Ignoro cómo fue la reacción posterior en su colegio. Imagino, como siempre, a las compis de clase abrazadas entre lágrimas como en las series de televisión, cosa que les encanta, haciéndose fotos con los móviles mientras pondrían mensajitos en plan Carla no te olvidamos, y muñequitos de peluche, y velas encendidas y flores, y todas esas gilipolleces con las que despedimos, barato, a los infelices a quienes suelen despachar nuestra cobardía, envidia, incompetencia, crueldad, desidia o estupidez."
A. Pérez-Reverte