jueves, 26 de febrero de 2015

Abrir un cajón...


Cuando abres un cajón cerrado hace mucho tiempo nunca sabes qué te espera dentro. A veces, parece que es el azar el que te lleva a abrirlo. Sacas su contenido, con cuidado, sonriendo ante algunos hallazgos. ¿Cuándo guardé yo esto? ¿Por qué lo guardé? 

Lentamente la mesa va siendo ocupada: trocitos de papel con un número escrito, o con una frase que te gustó hace 30 años, o con un nombre, boligrafos que ya no escriben, viejas plumas estilográficas, un pendiente, un abrecartas, una bolsita con aquellas "joyas" que te ponías hace.... siglos.
Tus dedos tropiezan con un viejo sobre, lo abres con cuidado porque el papel, después de tantos años se vuelve frágil y quebradizo, reconoces la letra... Desde el otro lado del tiempo llega la voz del amigo.

Y después de la nostálgica visita al fondo del cajón del escritorio me encuentro con una mesa llena de cosas, que voy a intentar volver a colocar, aunque sé que esa sí que es una misión imposible.