miércoles, 25 de marzo de 2015

Un cuento: El jardín


 Dos días sin conexión a internet, pero ya se solucionó el problema. Al entrar hoy encontré este cuento que contiene un gran mensaje.

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles y arbustos se morían.
El roble dijo que se moría por no ser tan alto y tan fuerte como el pino. Volviéndose al pino, el rey lo halló caído porque no podía dar uvas como la vid. La vid se moría porque no podía dar flores como la rosa.
Y la rosa se moría por no ser fuerte y sólida como el roble…
Entonces, encontró una planta, un clavel floreciendo y más fresco que nunca. El rey le preguntó:

–¿Cómo es que creces en medio de este jardín moribundo?
La flor contestó:
–Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste querías ver claveles. Si hubieses querido otro roble, lo hubieras plantado. En aquel momento me dije: “intentaré ser el clavel de la mejor manera que pueda” y heme aquí… ¡El más hermoso y bello clavel de tu jardín!
Muchas veces vivimos marchitándonos en nuestras propias insatisfacciones, en nuestras absurdas comparaciones con los demás: “si yo fuera”, “si yo tuviera”, “si mi vida fuera”…
Siempre conjugando el futuro incierto en lugar del presente concreto. Empecinados en no querer aceptar que la felicidad es un estado subjetivo y voluntario.
Podemos elegir hoy: estar felices con lo que somos y
 tenemos, o vivir amargados por lo que no tenemos 
o no podemos ser.
Solo podremos florecer el día que aceptemos
cómo somos: ¡únicos! Nadie puede hacer lo que 
nosotros vinimos a hacer en esta vida, porque los
propósitos son personales.
Nos merecemos dar el mejor color a nuestra vida.
No permitamos que el jardín de nuestra vida se 
marchite.
Comencemos haciendo lo que es necesario.
Luego, lo que es posible… y, de repente,
estaremos haciendo lo que es imposible. ¡Y de la 
mejor manera!