miércoles, 20 de mayo de 2015

Nuestras huellas


Mientras limpiaba el polvo, me fijé en la cantidad de huellas que vamos dejando por todas partes. Unas más difíciles de eliminar que otras, pero que te van dando pistas, por ejemplo, de lo que hicieron tus hijos el día anterior: el cerco de un vaso en la mesa, una huella de chocolate en una puerta, sus dedos en el espejo del baño formando una cara sonriente...

Los viejos muebles están llenas de ellas, van marcando el paso del tiempo: esos golpes que alguien dio sobre la mesa con una cuchara, la marca de la cafetera en el mueble de madera que, al tocarla o verla, te trae el aroma de los cientos de cafés que mi padre preparaba en ella, te lleva de nuevo a la cocina de casa, al aroma del café recién hecho, a su voz ....

En estos tiempos dejamos una huella electrónica, esa da más miedo: pueden saber dónde estuviste, a qué hora, qué compraste... creo que saben hasta la ropa que llevabas y con quién estabas.

Huellas que dejamos en los otros, en sus corazones. Muchos te habrán olvidado, pero la huella que dejaron en ti, eso es imborrable: aquella maestra a la que querías, algún niño con el que compartiste risas o llantos en un parque, aquellos que te llamaron señora por primera vez,¿Señora? si sólo tenías 22 años (esos sí que no se olvidan)

Y, por último, están las huellas que dejaron en nuestro cuerpo caídas, operaciones... nos recuerdan que somos  supervivientes, que seguimos en el camino.