martes, 30 de junio de 2015

El reloj


Esta tarde oí que el reloj daba las campanadas, las conté y me di cuenta que cada reloj de casa marca una hora diferente. Pensé en el reloj de abuela, un viejo reloj con una pesa enorme suspendida en una cuerda, reloj que no me dejaba dormir en las noches que dormí en su casa. Pensé en mi abuelo que cuidaba con esmero su reloj de pared, tenía una puerta de cristal y los números eran dorados como su péndulo.
Y como la mente es así, me vino a la cabeza un cuento, de un niño que encuentra el reloj de su abuelo en el desván de su casa, lo limpia y descubre que los números han desaparecido. Sale a buscarlos y cada uno de ellos tenía una vida diferente y libre, lejos de la prisión de su esfera. Así que el niño vuelve y con su caja de pinturas dibuja unos números y pájaros y flores y un sol en la esfera. Lo cuelga sobre la pared de su habitación. 
Y, aunque no funciona, aunque esté parado dos veces al día da la hora exacta. Como las personas que, aunque sea por casualidad, alguna vez en la vida hacen o dicen algo extraordinario. De ahí la importancia de escuchar a los demás, aunque pensemos que no tienen nada que decirnos.