lunes, 1 de junio de 2015

Frases hechas


Hay muchas frases que utilizamos constantemente pero de las que desconocemos su origen. He estado buscando algunas y hay cosas muy curiosas. Os dejo dos de ellas.

Acabar como el Rosario de la Aurora
Corrían los primeros años del siglo XIX cuando en Madrid se veneraba a Nuestra Señora de la Aurora. Se sacaba una imagen de la misma en procesión desde la basílica de San Francisco el Grande y, debido a lo temprano de la hora, la procesión iba alumbrada por faroles.

También salía en procesión la Virgen del Henar, supongo que en las fechas de Semana Santa, y ambas imágenes se encontraron en una calle por la que no podían pasar a la vez. Los portadores y procesionarios de cada lado se enzarzaron en una discusión que debió avergonzarles, pero que en lugar de ello, les llevó a las manos. Y así acabó aquel rosario de la Aurora (de Nuestra Señora de la Aurora) a farolazos y golpes.

Hay otras voces que sitúan el hecho en Andalucía, pero eso en poco cambio el fondo del asunto. Y no es la única vez en la que unas hermandades se enfrentan en la calle para que no ceda una Virgen a otra su lugar.


Las cosas claras y el chocolate espeso
Cuando desde América, el monje español fray Aguilar envió las primeras muestras de la planta de cacao a su congregación del Monasterio de Piedra, para que la dieran a conocer, al principio no gustó, a causa de su sabor amargo, por lo que fue utilizado con fines medicinales exclusivamente. Posteriormente a unas monjas del convento de Guajaca se les ocurrió agregarle azúcar al preparado de cacao, ese nuevo producto causó furor, primero en España y luego en toda Europa. En esos tiempos mientras la Iglesia debatía sobre si esa bebida rompía o no el ayuno pascual, el pueblo discutía cual era la mejor forma de tomarlo: espeso o claro. Los ganadores fueron, finalmente, los que se inclinaron por el chocolate espeso por lo que esta expresión se popularizó en el sentido de llamar las cosas por su nombre.