sábado, 20 de junio de 2015

Los tres cedros. Paulo Coelho


Mi abuela me contaba la siguiente historia:
"Tres cedros nacieron en los otrora hermosos bosques del Líbano. Como es sabido, los cedros tardan mucho tiempo en crecer, así que estos árboles pasan siglos enteros meditando sobre la vida, la muerte, la naturaleza y los hombres.
Presenciaron la llegada de una expedición de Israel, enviada por Salomón, y más tarde vieron la tierra cubierta de sangre durante las batallas con los asirios. Conocieron a Jezabel y al profeta Elías, enemigos mortales. Asistieron a la invención del alfabeto y se deslumbraron con las caravanas que pasaban, llenas de tejidos multicolores.
Un buen día resolvieron conversar sobre el futuro:
Después de todo lo que he visto - dijo el primer árbol - quiero ser transformado en el trono del rey más poderoso de la tierra.
A mí me gustaría formar parte de algo que transformara para siempre el Mal en Bien - comentó el segundo.
Por mi parte, querría que cada vez que alguien me mirara, pensara en Dios - fue el comentario del tercero.
Transcurrido algún tiempo, aparecieron unos leñadores. Los cedros fueron derribados y transportados en barco a un país lejano.
Cada uno de aquellos árboles tenía un deseo, pero la realidad nunca pregunta qué hacer con los sueños: el primer árbol sirvió para construir un albergue para animales y las sobras fueron usadas como recipiente para el forraje. El segundo árbol se transformó en una mesa muy sencilla, que pronto fue vendida a un comerciante de muebles. Como la madera del tercer árbol no encontró compradores, fue cortada y colocada en el almacén de una gran ciudad.
Sintiéndose infelices, los árboles se lamentaban: "nuestra madera era buena y nadie encontró algo bello para usarla".
Tiempo después, en una noche llena de estrellas, una pareja que no conseguía encontrar refugio decidió pasar la noche en el establo que había sido construido con la madera del primer árbol. La mujer gritaba con dolores de parto y terminó dando a luz allí mismo, colocando a su hijo entre el heno y la madera que lo apoyaba.
En aquel momento, el `primer árbol comprendió que su sueño se había cumplido: allí estaba el mayor de todos los reyes de la Tierra.
Años más tarde, en una casa modesta, varios hombres se sentaron en torno de la mesa que había sido hecha con la madera del segundo árbol. Uno de ellos, antes de que todos comenzaran a comer, dijo algunas palabras sobre el pan y el vino que tenía frente a él.
Y el segundo árbol comprendió que en aquel momento él no sustentaba solamente un cáliz y un pedazo de pan, sino la alianza entre los hombres y la Divinidad.
Al día siguiente, retiraron dos pedazos del tercer cedro y los colocaron en forma de cruz. Los dejaron tirados en un rincón hasta que horas después trajeron a un hombre cruelmente herido, que clavaron en los leños. Horrorizado, el cedro lamentó la bárbara herencia que la vida le había dejado.
Antes de que transcurriesen tres días, no obstante, el tercer árbol entendió su destino: el hombre que allí había estado clavado era ahora la Luz que todo lo iluminaba. La cruz hecha con su madera había dejado de ser un símbolo de tortura para transformarse en señal de victoria.
Como siempre sucede con los sueños, los tres cedros del Líbano habían cumplido el destino que deseaban - aunque no de la manera imaginada.