martes, 25 de agosto de 2015

Campos de Castilla


Decía el escritor Richard Bach:

"Nunca es largo el camino que conduce a casa de un amigo."

La enseñanza de este libro es que realmente no necesitas viajar para estar con un amigo porque él siempre está en tu corazón.

Esta mañana yo viajé hasta la casa de mi amiga. Un viaje tranquilo en el que apenas me crucé con un par de vehículos, algún anciano sentado en un poyo junto a la carretera o alguno de los pocos niños que quedan en nuestros pueblos. Disfrutar del campo castellano es algo que no tiene comparación, llanuras de colores ocres, marrones, amarillas, salpicadas por los rosas y verdes de los cardos. Con sus palomares tan nuestros. Un cielo azul inmenso tan alto que  a veces parece inalcanzable. En medio de la soledad del campo, viejos pueblos. El tiempo y el abandono van haciendo mella en ellos. Algunas paredes de adobe se resisten a caer y, orgullosas, permanecen erguidas como símbolo de lo que fueron en otros tiempos. Las puertas y ventanas eternamente cerradas. 
Pueblos condenados a desaparecer a no ser que a alguien se le ocurra algo para recuperarlos. La gente emigró pensando en encontrar una vida mejor, más acomodada, olvidando sus campos, sus palomares, sus iglesias, sus casas, sus gentes...
De lejos parece que los pueblos, que los campos duermen. Tal vez sueñan con ese otro tiempo en los que sus calles y plazas estaban llenas de gente, de risas, de vida ...