miércoles, 2 de septiembre de 2015

Ventanas


Cuando viajas como copiloto, además de frenar como si la que condujera fueses tú misma, o de ponerte nerviosa cada vez que tu marido suelta el volante para señalar algo que quiere que veas (generalmente siempre es lo mismo, dicho sea de paso), es que puedes fijarte en las cosas que pasan junto a tu ventanilla:
Casas viejas abandonadas que guardan un encanto especial, parece que a su alrededor flota la vida que hubo y las imaginas con las ventanas abiertas dejando entrar el aire fresco de media tarde. A la entrada de Valladolid hay una que me gusta especialmente, aunque sea un caos de casa, fueron añadiendo cosas a la estructura original, pero a pesar de ello me atrae y siempre que pasamos me quedo mirándola.
Sobre todo me gusta fijarme en las ventanas. Cada una dice un poco de las personas que viven tras ellas. Las hay limpias y con macetas llenas de flores. Las hay con plantas que parece fueron olvidadas y cuelgan secas como buscando un poco de agua y de atención. Las hay cerradas a cal y canto, con gruesas rejas que intentan proteger su interior.Las hay abiertas y las cortinas flotando en medio de la tarde parece que quisieran volar. Las hay cerradas con gruesas cadenas y candados oxidados, rodeadas de polvo y de basura que se ha ido depositando a lo largo de los años.

¡Buenas noches!