lunes, 14 de diciembre de 2015

Los tres símbolos más significativos de la Navidad


La lluvia caída durante la noche borró la niebla. Nos devolvió las casas y los campos, las luces de los pueblos cercanos. Hoy se agradecía salir a la calle y respirar el aire frío.

Se acerca Navidad, apenas diez días. Todo empieza a llenarse de luces y música. Pero tal vez no conocemos el significado de los símbolos de la Navidad.

Encontré este artículo de Andrés d' Angelo:

Cuando la realidad que festejamos es grande, cuando su significación espiritual es muy importante, la tradición de la Iglesia incorpora algunos símbolos materiales para prepararnos mejor, para que tengamos un asidero que nos eleve a las realidades espirituales que contemplamos. La Iglesia tomó algunas tradiciones de los pueblos que fue evangelizando, o creó sus propias formas de “materializar” estas realidades espirituales, a modo de catequizar y de darnos medios visibles que nos ayuden a acercarnos al Misterio. Los humanos necesitamos de este tipo de símbolos.
En torno a la Navidad, han surgido a lo largo de la historia de la Iglesia algunos símbolos que todos usamos y reconocemos. Pero no siempre sabemos su historia, o cómo utilizarlos mejor para adentrarnos en la espiritualidad navideña.
El árbol navideño es el signo más visible y frecuente de la Navidad, pero no siempre le damos un sentido religioso. El mundo comercial se ha apropiado del árbol como un signo de “las fiestas”, quitándole al nacimiento de Nuestro Señor el protagonismo. En muchas casas se acostumbra que el niño más pequeño sea el que pone la estrella en la punta del árbol. Otras familias lo arman rezando los misterios de gozo, otros piden al párroco la bendición del pesebre y del árbol. Otras familias le dan un adorno a cada niño y se rezan preces por cada adorno que se cuelga: con los azules, oraciones de arrepentimiento; con los plateados, de agradecimiento; con los dorados, de alabanza y con los rojos, de petición. No importa la tradición que usemos en nuestra familia, lo importante es recordar que el árbol de Navidad es un símbolo católico y que debemos recuperar su sentido.
Otro símbolo de la antigua Europa, y una hermosa costumbre (que afortunadamente se está recuperando mucho en América) es la corona de Adviento. Ésta nos ayuda a hacer un seguimiento más intenso del tiempo de los cuatro domingos anteriores a la Navidad. A medida que vamos prendiendo las velas, vamos preparándonos para recibir a Nuestro Señor. En cada domingo podemos hacer participar a toda la familia, preparando una pequeña liturgia, haciendo énfasis en un aspecto particular del tiempo de Adviento. 
Último, pero no por ello menos importante, el pesebre o nacimiento. Ésta es una tradición iniciada por el gran San Francisco de Asís y que los franciscanos extendieron rápidamente por todo el mundo. En sus primeros años eran “pesebres vivientes” y luego se convirtió en una representación a escala con figuras de barro cocido, yeso o cera. Cada familia vive el pesebre a su modo, algunas familias cada domingo de Adviento le van agregando figuras teatralizando la historia para los más pequeños. El nacimiento es por supuesto, el símbolo emblemático del día de Navidad, cuando se pone finalmente el niño en el nacimiento, y la familia se congrega para cantarle villancicos y canciones típicas de cada país.