martes, 29 de marzo de 2016

Tras los cristales llueve...



"Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve..."

Así dice Serrat en su canción "Balada de otoño". Y es que más que primavera parece que fuésemos a empezar el otoño otra vez.

Ayer, cuando volvía a casa en mi coche, vi a una joven paseando a su perro. Ella iba hablando sola y gesticulando como si estuviera loca. Desde que la gente habla por teléfono con esos auriculares invisibles parecen lunáticos hablando a gritos mientras caminan por las aceras. Al punto recordé un personaje de mi infancia. Fue famoso en Valladolid porque circulaba por el Paseo Zorrilla como si condujese un coche o una moto. Hacía el ruido del motor, saludaba a los viajeros de los autobuses urbanos, paraba en los semáforos... Cuando cambiaban a verde salía disparado sujetando su volante imaginario. Se convirtió en un personaje habitual y todos lo mirábamos con cariño. Era parte del paisaje urbano. 
Me fui de Valladolid y me vine a vivir al pueblo. Sólo lo volví a ver una vez más.
Ahora las aceras de nuestras calles se llenan de "locos" que dejan en el aire sus conversaciones.