sábado, 5 de marzo de 2016

Una habitación sin libros...


Leí esta mañana:
"Una habitación sin libros es como una persona sin alma"

Aquí, desde donde escribo, estoy rodeada por cientos de ellos. Toda una vida coleccionando, comprando, recibiendo libros como regalo. En mi adolescencia empecé a formar mi biblioteca. La primera colección que compré tenía un título más grande que los libros que la formaban: "Las 100 grandes obras de la literatura universal". Cada viernes compraba el tomo correspondiente y lo iba leyendo en el tren que me llevaba a casa de mis padres. En alguno de ellos queda un viejo billete, testigo de esos viajes. 
Año tras año, las estanterías se han ido llenando de diferentes títulos. Algunos los compré porque me enamoré de la portada, otros porque era fiel seguidora de su autor, compraba el último que había publicado hasta que su muerte me dejó un poco huérfana de sus palabras, otros para llevarlos a la escuela, segura de que a mis niños les encantarían aquellas ilustraciones o aquella historia.
Llegaron mis hijos y con ellos nuevos títulos que disfrutábamos a cualquier hora del  día o de la noche, alguno nos lo sabíamos de memoria: "Agua caliente en el baño, agua más fría en el mar...."

Los libros son fieles compañeros de muchas horas, algunos tan amados que los relees de vez en cuando, otros insoportables, esos que guardan el marcapáginas en las primeras hojas, imposible seguir adelante con ellos. 

Cualquier sitio es bueno para tener uno: en la mesilla de noche, en la cocina para consultar esa receta nueva, sobre la mesa... ¿Dónde tienes los tuyos?

Buen fin de semana a todos, a pesar del frío que amenaza con quedarse durante toda la semana.