jueves, 12 de mayo de 2016

La vida es una cuenta atrás


Desde el momento en el que nacemos, nuestra vida es una cuenta atrás. No sabemos si larga o corta, y, algunos viven como si no hubiera final. Pero lo hay, para los que somos creyentes, ese final es la vuelta a la casa del Padre.

Cuando tienes a tu hijo en brazos no piensas, ni por un momento, en las enfermedades que pueda tener. Sólo experimentas una inmensa alegría al sentir su calor junto a ti. Mientras lo acunas sueñas cómo será cuando crezca y desearías evitarle dificultades y dolores, protegerlo de todo lo malo y feo de este mundo.

Con el paso de los años llega el tiempo de las risas, pero también el tiempo del llanto. Aparecen enfermedades y operaciones que quisieras pasar en su lugar, pero sólo puedes permanecer a su lado y ayudarle a superarlo, porque, aunque el hijo no lo comprenda ahora, eso le hará fuerte, será un aprendizaje. 
También llega ese tiempo en el que los padres se hacen mayores, las enfermedades aparecen. Unas son leves, otras, más graves, les mantienen postrados en la cama. Ves su sufrimiento con impotencia, lo único que puedes hacer de nuevo es acompañarlos, darles tu mano y procurar que se sientan lo mejor posible.
Hay otras ocasiones en las que la muerte llega sin avisar, entra en casa y se lleva a un ser querido.
Por ello no hay que dejar nada importante para mañana, como dar un beso a nuestros seres queridos o decirles que los queremos, que son importantes para nosotros, porque sólo Dios sabe qué nos deparará el mañana.