lunes, 25 de julio de 2016

Cosas que llaman la atención


Hay cosas que llaman poderosamente tu atención sin saber por qué.
Esta tarde estaba mirando una vieja casa, faltaban algunos cristales en las ventanas y había hierbas secas en el tejado. Parecía abandonada. Me fijé entonces un balcón de barandilla oxidada. Una cuerda lo cruzaba de lado a lado. En ella siete calcetines tendidos secándose bajo el implacable sol castellano.
Algunos piensan que los campos de Castilla son monótonos, nada más lejos de la realidad. De vuelta a casa lo pude comprobar. Las tierras que estuvieron sembradas de cereal, ahora están segadas. El grano en las naves y en las tierras las pacas, unas apiladas guardando equilibrio, otras diseminadas por las tierras. Unas rectangulares, otras cilíndricas... de lejos se ven tan pequeñas que parecen ovejas tomando el sol.
Mientras tanto, otras parcelas se llenan de luz y color con los girasoles que, por la tarde, bajan sus cabezas. Será por la tristeza de no ver el sol. 
Están esos terrenos sin cultivar. En primavera estuvieron verdes, llenos de flores , ahora los cardos secos se levantan hacia el cielo como si quisieran alcanzarlo.

Y finalmente, el cielo. Un cielo limpio y grande. En ocasiones, se ven unas nubes de polvo suspendidas en él. Nos marcan el lugar en el que algún labrador está trabajando.
Un cielo que, decía Miguel Delibes, "si es alto es porque lo habrán levantado los campesinos de tanto mirarlo."