jueves, 25 de mayo de 2017

... Por los ventanales entraba el Sol.



Esta mañana, en la escuela, estuve contando a mis pequeños "El Principito". Una versión muy resumida, claro, porque apenas tienen seis años los más mayores.
En este cuento se une el desierto que están trabajando los de segundo y el Universo de los de tercero.
Ellos se han quedado con las imágenes, han señalado Saturno unas cinco veces. No les ha extrañado que en un planeta enano, el Principito cocine huevos en una sartén sobre un pequeño volcán activo, cuando no hay ninguna gallina allí.
Y no les gustaron las rosas, pero sí el zorro y también que las estrellas rieran.
Al final me preguntaron cómo volvió el Principito a su planeta. Les dije que para hacerlo tuvo que morir con la ayuda de una serpiente, porque no podía llevar su cuerpo de vuelta. Me miraron con sus ojos muy abiertos, después de pensar un rato uno dijo: "Eso es por la gravedad que no le dejaba subir..." 
El día anterior habían comprobado que la gravedad nos tiene pegados a la Tierra. Saltaron e intentaron flotar como los astronautas en la Luna, pero siempre caían al suelo.
Qué bueno sería que no perdiéramos nunca su inocencia, su imaginación.
Deseo que la vida no los lleve nunca por caminos erróneos sino que sepan luchar por lo que quieren. Que aprendan  que los caminos fáciles y cortos no son los que nos llevan al mejor puerto.

Y, mientras hablábamos de "El Principito", de desiertos y de planetas, por los ventanales de nuestra clase entraba el Sol.